miércoles, 21 de octubre de 2009

Agua

Para mi, la tristeza (esa que te rompe por adentro, que te debilita y te enloquece, no cualquier tristeza) es ahogarse.
Como cualquier persona –creo- pensé muchas veces en mi muerte. Y siempre deseé que no sea ahogada. Que el agua no me coma, que no me traicione ese elemento que amo. Y sentirse terriblemente triste es como morirse por un ratito. Y yo siempre me ahogo. Cuando estoy triste, cuando la inseguridad me arrastra, me meto en el agua. Mejor dicho, el agua se me mete adentro, y me aplasta el pecho, y solamente puedo enroscarme con mis piernas, y esperar a que se vaya.
Y no hablemos de racionalidad porque no existe. No es resistente al agua como mi reloj nuevo, esa es como el aceite: no sirve para vivir con el agua.
Esa tristeza a veces se me vuelve resignación: como que va a estar ahí siempre. ¿Y ahora que hago con esta tristeza? ¿Cómo llevo encima ese nudo de soga de marinero en el pecho? Me hago un poco amiga, le pongo banda de sonido… y espero.

lunes, 5 de octubre de 2009

El encuentro

Uno encuentra -o inconscientemente busca- algo que lo inspire.
Al menos a mi me gusta pensar que todas las cosas están con ganas de contar algo... o quizás es mi propia mirada, que desesperadamente necesita aferrarse a algo nuevo, que necesita hallar algún pequeño descubrimiento.
Algunos hallazgos son compartidos: la inspiración no tiene derecho de autor... Pero, eso sí, a veces esta a la vista y otro la pesca primero.
Mi mesa -la mesa en la que cada día como, estudio, escribo, o paso tiempo- le mostró a mi Compañero -ese que además de ser él soy yo en otro cuerpo y viceversa- algo nuevo: muchas palabras*... palabras que tenía guardadas quien sabe hace cuanto...
Pensé que hacer con ellas. Hice una listita... una listita de inspiración, de la cual espero sacar algo más para contar...




*(cada palabra contará luego una historia... por ahora sólo son palabras sin nombres para el que lee esta historia)

sábado, 20 de junio de 2009

Amurada II

Atrapada,
Inquieta en una caja.
Feliz y no,
Rota
Con las manos en bolsillos que no tengo,
Encerrada en el vacío.
Quieta y congelada.
Enojada. Fastidiada.
Sonriente hasta el cansancio.
Enganchada a un blanco pensamiento.
Quebrada, suelta.
Desconcertada.
Desorientada.
Lunática.
Común y corriente.
Nada especial. Especial.
Desganada.
Vencida.
Huérfana de ideas.
Fugada. Pesada. Apresada.
Con ganas de patear y romper.
Con ganas de nada.
Con ganas de ganas de todo, o de algo.
...
Así estoy hoy.

sábado, 30 de mayo de 2009

Cosas que te pasan si estás viva... (II)

Quiero escribir algo y no se como empezar... ese es siempre un gran problema, la partida, la puesta a punto para arrancar un camino, trazarlo, verlo o recorrerlo. Empezar.

La decisión de que el deseo o el pensamiento se vuelva hecho es aún más pesada que el hecho mismo; igual que el tempo que ocupo pensando que no tengo tiempo, acorta todos los tiempos, el de ahora, y el que lamento no tener próximamente.

martes, 28 de abril de 2009

El regreso


De vuelta a lo oscuro, a lo negro, a lo oxidado, a lo hiriente, lo doloroso, al espejo…

De vuelta, y no importa porqué, importa que estoy de vuelta…

De vuelta que la inseguridad me abraza hasta que se vuelve compañía…

De vuelta que la sal entra más adentro, de nuevo bien adentro…

De vuelta, devuelta a estas aguas…

De vuelta el aire se olvida el recorrido…

De vuelta el sueño se hace pedazos adentro…

De vuelta, ¿se rearma de vuelta?...

De vuelta se desparrama el mercurio…

De vuelta las manos en otra galaxia…

De vuelta el techo…

De vuelta una oruga, un caracol, un espiral el cuerpo…

De vuelta, real e incierta pero yo de vuelta…

De vuelta…

viernes, 27 de febrero de 2009

jueves, 29 de enero de 2009

No.

Yo se que no quiero…
Que no quiero que vuelva,
Que solo quiero que desaparezca,
Que se mude,
Que enmudezca.
Pero más lo quiero,
Lo anhelo,
Y eso no sucede…
Mido constantemente si es real su ausencia,
Y ahí vuelve a atraparme,
Vuelve a cobrar vida el espantoso monstruo.
Y por más que respire hondo,
El aire desconoce el camino,
Y se pierde,
Y me hundo,
Me ahogo,
Y renace el dolor.

domingo, 4 de enero de 2009

Veo, veo...

Veo más de lo que puedo sentir.
Es como si todo lo que me rodea estuviera un paso más allá de mí. Puedo ver el movimiento, pero desde otro lugar.
Hay como una endemoniada sincronicidad entre el sonido y la acción. Entre el anhelo y lo que verdaderamente sucede. Lo que “verdaderamente” sucede.
¿Cómo saber hasta que punto lo que veo es real?
Tengo la certeza de que corre por dentro un maremoto de reconcomios o de placeres, pero siempre de la mano del miedo. Por uno u otro motivo, el miedo suele ser el invitado especial de la noche. Porque siempre es la noche. Siempre lo oscuro. Lo oculto. Lo que solo se ve con los ojos cerrados.
Y aunque siempre necesito el calor, la ausencia me recuerda que en realidad existe el otro. Cualquiera sea ese otro, se hace más presente cuando deja de estar. Busco imitar esa gigantesca aparición, para probarme que puedo ser necesaria en algun universo vecino, pero temo. Temo que en mi desaparecer se manifieste mi simpleza. Porque se necesita ser maravilloso para existir constantemente, y sospecho que no lo soy… y que alguien lo va a notar.

La vuelta


Me siento en ese lugar que ya conozco, y sin embargo me toca ser una completa extraña en esta escena.
Hay olores que me recuerdan a aquellos días en los cuales los problemas eran otros. Las búsquedas se limitaban a las hojas, la tierra o un poco de agua para inventar el alimento. Los amores se materializaban en la espera del regalo prometido, o en la llegada de un cumpleaños.
Ese lugar que conozco no cambio demasiado. Los objetos ocupan el lugar que solían ocupar. Pero el tiempo nos ha atravesado: a ellos, y sobretodo a mi.
Y aunque inevitablemente cada movimiento del viento me lleve al jardín de la memoria, hoy soy otra. Hay implícito un dolor, porque en algún rincón anhelo que vuelva esa tranquilidad, o esa confortable tristeza que podía quebrar de a poquito con colores y azúcar.