jueves, 25 de marzo de 2010

"... La realidad no sólo es apasionante, es casi incontable"

Un día, mi jóven amigo Fermín me pidió que le contestara unas preguntas para una tarea del colegio: "¿Tenés héroes? ¿quién? ¿por qué?". La verdad, dude mucho. No porque intentara ser original, sino porque no quería contestar una gansada. "mi madre, mi hermana...", pensé, pero ellas responden a otra categoria, con ellas nos mueve el afecto, el amor, la incondicionalidad... un héroe me sonaba -me suena- a otra respuesta.
"Walsh", le dije a Fermín sin dudar. "¿Por qué?", me dice, y yo vuelvo a pensar un ratito en no decir lo que no quiera. Y desde que me lo preguntó mi amigo, me repregunto porqué. Y la verdad es que todo tiene relación con la admiración. Y no porque él fue un periodista genial y a mi me gustaría serlo algún día. O porque escribía de un modo tan claro y simple y a la vez hermoso y florido, y quizás yo nunca lo haga así.
Admiro al Walsh hombre. Al que amó y luchó y abrazó lo que pensó con toda su vida. Con la vida que le sacaron porque creía fervientemente en algo más grande que él. Porque creía en algo que esos odiosos hombres de metal consideraban incorrecto e inaceptable.
Y por eso lo hirieron de muerte el 25 de marzo de 1977, en Entre Rios y San Juan, según dicen.
“Lo bajamos a Walsh. El hijo de puta se parapetó detrás de un árbol y se defendía con una 22. Lo cagamos a tiros y no se caía el hijo de puta”, dijo el oficial Weber, uno de sus asesinos. Y eso lo hace aún más grande. Porque no se entregó, no se resignó. Dio su vida. Dio su nombre cuando firmó la Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar, y al otro día dio su sangre.
Y hoy, que lo trajeron a mi memoria los acontecimientos, el aniversario de la partida de su cuerpo, la constante admiración, me repregunto y me 'recontesto' sobre él, y una vez más lo reafirmo en la condición de héroe.

jueves, 4 de marzo de 2010

Ver mirar

"Strangers passing in the street
by chance two separate glances meet
and i am you and what i see is me"
(Echoes, Pink Floyd. 1971)



Hoy durante la hora de almuerzo, la cosa se puso filosófica.
Sin querer, apareció por allí, eso que siempre me da vueltas en la cabeza: la mirada del otro.
Es que continuamente estamos -estoy- tratando de imaginar qué es lo que el otro ve en mi. Y eso, claro, es parte de una necesidad que siento primaria, y es la aceptación; es, en definitiva, ser agradable al otro.
Mucho se pone en juego en una mirada. Es en ese momento en el que una se cruza con otra, por más fugaz y volátil que sea, en el que el otro está vivo, está ahí, poniendo su cuerpo en nuestro cuerpo.
¿Se complica ser genuinos por saber que está esa mirada? No. No, porque esa mirada es también la propia; es cómo querer decir algo, cómo presentarse y pararse ante un otro con la seguridad -nunca completa- del "yo soy esto...". Pero sí hay represión, hay un previo pensamiento de lo que hacer o no para continuar siendo lo que somos, o lo que creemos o queremos o intentamos ser.
Hoy que es tan fácil hacerse de una cáscara gomosa que haga que todos reboten lejos, que nos encerramos en mensajes, en sonidos y en pantallas, la mirada del otro parece haber mutado, moverse a la virtualidad, a la distancia imperceptible pero inmediata, a la frialdad de la ausencia incompleta. Pero, igual e inevitablemente, estamos rodeados de otros aunque no queramos, aunque evitemos esas miradas que nos obligan a mirarnos, y por eso creo que están tan enormemente presentes.
Yo, por las dudas, no me duermo en el colectivo...