jueves, 8 de abril de 2010

Partes de un icosaedro

Estoy segura de que las buenas autobiografías, las hermosas y memorables, no se escriben un día como hoy.
Si no fuera un día como hoy podría decir simplemente “soy María Agustina Jaurena, nací hace 23 años en General Villegas, hace 6 años que vivo en Capital Federal, de donde nunca planeo irme”; pero dejaría de lado cosas esenciales sobre mi, que durante un día de buen humor y autoestima alta no diría. Quizás no lo haría porque estoy segura que tendemos a jerarquizar y siempre queda primero lo lindo, lo liviano o lo mejor que tenemos, y sin embargo una persona tiene tantas características que dejar las malas sería injusto.
Soy inconstante, mi nivel de frustración es sumamente bajo, me irrito con total facilidad, y me angustia casi por igual perder una materia o no tener tiempo para leer a Cortazar, Soriano, Murakami, Bradbury o algún otro escritor que adore.
Intento constantemente y con sinceridad que las cosas me salgan de la mejor manera, pero muchas veces me equivoco, y me veo invadida por una tristeza gigantesca que no me permite hacer nada, me bloquea. Suelo amarme y odiarme con la misma fuerza, y eso hace que tenga unos insoportables cambios de humor. Soy bastante caprichosa, ansiosa, acelerada, mi abuela Flora hubiera dicho sin errar que “me empaco” fácilmente por muchas cosas. Me cuesta dejar de hablar, y después me arrepiento de la mitad de las cosas que dije: a veces preferiría pasar desapercibida, por así decirlo.
Pero volviendo a la teoría de la jerarquización, también sería injusta y mentiría si no escribiera sobre las cosas que me gustan de mí, o que me gustan en general: intento a toda costa ser autentica y hacer las cosas que siento que están bien y me completan (eso que Minimal llama la Representatividad Constante); puedo escuchar y tratar de ayudar a quien me lo pida, y lo hago con gusto. Por ser tan categórica en mis elecciones, me muestro autentica y trato de no caerle bien a gente que no me gusta, y soy fiel e incondicional con aquellas que amo: se me ocurren ahora mi madre Laura, mi hermana Cecilia, mi sobrino y ahijado Juan, y Nicolás, la persona que elegí y elijo para compartir mi vida. Creo que cada vez me quedo con menos amigos, aunque –para caer en el cliché- son los más buenos que podría tener.
Soy una apasionada por la música, y trato de descubrir cosas nuevas siempre que pueda. Puedo pasar de escuchar a Lennon, Radiohead, King Crimson, Pink Floyd o Mars Volta a Pez y Spinetta, o a Ginastera, Rachmaninov, Glass, Tchaikovsky o al Chango Spasiuk. Creo que la música es el espacio en el que puedo liberarme.
Estimo que en realidad, una autobiografía, independientemente del día feliz o no, debe ser algo diferente a lo que escribo. Quizás deba enumerar cronológicamente acontecimientos, personas y sucesos de mi vida. En lugar de eso prefiero decir cómo trato de atravesar esos momentos.
No podría resumir tan brevemente lo que soy, o lo que hice y hago. Si puedo agregar que descubrí cosas mías que me ponen en otro sitio en relación a los demás y que después de traspasar muchas cosas, hoy puedo afirmar que soy feliz.