martes, 3 de julio de 2012

Aproximación (sobre mi ensayo fotográfico)

Hace poco tuve un sueño. Soñé que caminaba sola entre mucha gente, y veía tirado a un niñito, acaso un bebé, llorando desconsoladamente. El bebé era negro, con ojos gigantes y brillosos, y tenía el cuerpo extremadamente flaco y la cara lastimada.
Yo grité para que alguien haga algo, para que lo ayudasen. Alguien, pero no yo.
El sueño se torna angustiante. Yo lloro. Hay una especie de cámara lenta.
La escena cambia y aparece mi hermana con sus dos hijos. Mi hermana toma al bebé con destreza, lo cura o lo ayuda o no-se-qué, porque no lo recuerdo. Sí recuerdo que en el sueño no había ya sonido, pero sí desesperación. Sí recuerdo que el bebé lloraba y había sangre. Sí recuerdo que yo no lo tocaba y no quería que mis sobrinos lo tocasen. Sí recuerdo que mi angustia y mi desesperación nacían de la necesidad de que alguien ayude a ese bebé. Alguien, pero no yo.
FIN DEL SUEÑO.
¿Qué es este sueño? ¿Qué es ese bebé? ¿Qué es esa angustia? .
Lo que me dice este sueño se relaciona con la maternidad. No puedo ignorar el dolor del niño, pido ayuda, no quiero que siga así. Pero tiene que aparecer mi hermana, que es madre, para ayudarlo. Yo no soy madre. Yo no soy lo materno.
Esto me hace pensar en que soy mujer y sin embargo no soy madre. ¿Qué pasa con eso del instinto maternal? Creo en lo femenino y creo que ahí, en esa condición, está integrado lo materno. Pero en ese orden y no en otro. en este texto aparece así: HUMANO, FEMENINO, MADRE.
¿Por qué hacer un ensayo sobre madres y sus hijos? Mejor: ¿cómo hacer un ensayo sobre madres y sus hijos y no ser madre y tener la mirada -bueno, el instinto- materna en construcción? Para eso: para hallarlo.
Creo que la maternidad está en lo cotidiano, en los actos simples, en lo no solemne, en lo común, en lo real.

Dana con Sofía. Amor en el balcón.